Noticia: Enfermedades cardiovasculares: la genética es clave

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Fundación Mapfre

La principal causa de muerte en los países desarrollados son las enfermedades cardiovasculares, cuya aparición y desarrollo están estrechamente ligados a la herencia genética o el cromosoma 9. A la predisposición genética se asocian otros factores como los hábitos a la hora de la manifestación de la enfermedad. Ejercicio, un peso saludable o revisiones periódicas son la clave para mantener un corazón sano.

Las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de muerte en los países desarrollados. Las investigaciones demuestran que la herencia genética puede desempeñar un papel importante en el desarrollo posterior de un evento o enfermedad cardiovascular. Dicha herencia consiste en la transmisión de información genética entre padres e hijos.

Estudios recientes sugieren que algunos genes podrían estar involucrados en el desarrollo de enfermedades coronarias o infartos de miocardio, en concreto el cromosoma 9. Variantes en este cromosoma pueden transmitirse a través de la herencia genética provocando en las personas que las tengan en su ADN una mayor probabilidad de desarrollar una enfermedad cardiovascular. Es posible hacer una detección temprana de las enfermedades cardíacas a través de pruebas que buscan marcadores genéticos heredados asociados a la enfermedad. En las pruebas de detección es importante evaluar la cantidad de colesterol transportado en sangre, los niveles de glucosa en sangre, la cantidad de proteína C-reactiva en sangre y la presión arterial.

Los tests genéticos más frecuentes se hacen a través de una extracción de sangre o de saliva; no existe ningún tipo de riesgo a la hora de realizarlos. La prueba genética consiste en analizar el ADN de una persona en busca de ciertos genes útiles para poder realizar un diagnóstico o conocer si existe cierta predisposición a padecer alteraciones en la salud. Otro uso muy común de esta prueba es analizar cómo es de grave la enfermedad según su genética, lo que nos ayuda a decidir entre un tratamiento más o menos agresivo. Si estas pruebas dan señal de alerta de enfermedad cardiovascular deben hacerse otro tipo de pruebas como un electrocardiograma, pruebas de esfuerzo, ecocardiograma, TAC, angiografía coronaria por TC, angiografía coronaria por catéter o imágenes de perfusión miocárdica (MPI).

Independientemente de la predisposición genética que podamos tener, nuestros hábitos serán determinantes a la hora de desarrollar o no una enfermedad cardiovascular: la prevención es clave. Realizar ejercicio con regularidad, mantener un peso saludable y realizarse revisiones periódicas es fundamental para reducir nuestro riesgo cardiovascular y evitar problemas como la angina de pecho o el infarto de miocardio.