Consejos: ¿Ante los problemas es mejor ser racional o emocional?

Recomendado por:

Gonzalo Hervás

Profesor Psicología Universidad Complutense de Madrid

A la hora de enfrentar un problema, hay gente que, dependiendo de sus personalidades y/o circunstancias, prefiere actuar según le dicta su lado racional, mientras que otras, son más de seguir sus emociones. ¿Cuál de los dos es el más fiable?.

La vida a veces nos pone en situaciones difíciles que requieren de nosotros una respuesta, una solución. Hay dos grandes corrientes históricas sobre cómo abordarlo, muy divergentes, que encierran incluso diferentes formas de concebir al ser humano: el racionalismo vs. El romanticismo. Poner el peso, y la confianza en lo racional, o poner tanto uno como lo otro en lo emocional. Unos dirán que su antagonista nos nubla la percepción, que nos produce sesgos que distorsionan gravemente la realidad. Lo cierto es que justo en este punto ambas perspectivas aciertan ya que tanto los pensamientos como los sentimientos pueden equivocarse y equivocarnos.

Por tanto, lo primero que hay que aclarar es que el debate entre razón y emoción constituye sin duda una falsa dicotomía. No hay ninguna necesidad, ni ventaja, en elegir a priori entre una u otra. Se trataría por tanto de poner ambos recursos a trabajar; eso sí con una metodología que las armonice, ya que de otra manera podríamos llegar a un punto en que nuestra parte racional y la emocional nos llevaran en direcciones opuestas, teniendo que optar por una de ellas y volviendo al debate inicial.

Las funciones del pensamiento y del sentimiento pueden y deben estar armonizadas. Los pensamientos nos dan su mejor versión cuando los usamos para acumular nueva información, para proyectarnos hacia al futuro o para analizar y ser exhaustivo todos los pros y contras de una situación. Con una particularidad, el pensamiento debe ser usado en ausencia de un estado emocional, especialmente cuando éstos llevan cierto tiempo activo o es muy intenso.

Así que trataremos de usar sólo el pensamiento si nos sentimos con cierto equilibrio, ni muy bajos ni muy altos de ánimo. Para rebajar nuestras emociones y sentimientos hay que dejar salir lo que sentimos y normalizarlo. Y a continuación, hacer algo que ayude a equilibrar como distraernos o concentrarnos en otra cosa.

Nuestras emociones también nos dan información muy útil. Son expertas en detectar situaciones de insatisfacción por ejemplo. También suelen ser un buen radar para evaluar el estado de los demás o de las relaciones. Pero no podemos olvidar que nuestras emociones a veces saltan en situaciones que no aplican. Son las falsas alarmas, y todas las emociones, culpa, miedo, atracción, confianza, …etc. son susceptibles de serlas. Y de nuevo, sólo el pensamiento y la percepción nos pueden ayudar a discriminar entre cuáles son falsas alarmas y cuáles no.

Podría parecer que la aportación de las emociones es menor que la del raciocinio pero en realidad falta lo más importante. Las emociones son capaces de hacer algo que los pensamientos jamás podrían hacer: integrar el “big data” de nuestro cerebro. Miles de datos, expectativas, recuerdos y sensaciones pueden ser integrados en segundos por nuestro sistema emocional. Los datos neurobiológicos que ya disponemos nos muestran que la decisión final la toma nuestro sistema emocional aunque a veces mande una señal al cortex cerebral por si queremos creer que es fruto de nuestro pensamiento. Eso no significa que el sistema racional no aporte nada: el sistema emocional usa todos los inputs que le hemos dado usando nuestro sistema de pensamiento. Los filósofos antiguos elegían entre razón y emoción porque no comprendían el funcionamiento de ambos sistemas. La solución no está en elegir sino en armonizar, en usar cada herramienta para lo que fue creada, para lo que mejor funciona.